La visión de un padre: cómo ayudar a mi hijo a ser consciente del tiempo

Mucho antes de que llegáramos a perder el autobús escolar, ya pensaba en cómo ayudar a mi hijo a entender el concepto del tiempo.

La conciencia del tiempo, es decir, la capacidad de percibir y gestionar su paso, es algo en lo que todos confiamos. Pero para los niños —especialmente en un mundo lleno de distracciones— desarrollar esa conciencia requiere paciencia, práctica y herramientas que ayuden a hacerla más tangible.

Para los niños neurodivergentes, esto puede resultar especialmente complicado. Como persona neurodivergente y padre de un niño con rasgos similares, he visto de primera mano lo diferente que puede llegar a experimentarse el tiempo. No se trata solo de saber qué hora es, sino de comprender cuánto dura algo, qué significa realmente “cinco minutos más” y cómo pasar de una parte del día a otra sin sentirse abrumado.

También he reflexionado más en general sobre nuestra relación con el tiempo, sobre cómo nos movemos a través de él y lo variadas que pueden ser nuestras experiencias del mismo.

Para los niños pequeños, el tiempo es algo abstracto. Palabras como “mañana” o “dentro de un par de horas” no significan gran cosa. Cuando mi hijo era pequeño, le explicaba el tiempo de formas más concretas, como cuánto tardan los muffins en hornearse o cuántos minutos se tarda en llegar en coche a la tienda. Poco a poco empezó a asociar los números con experiencias reales.

Las rutinas también desempeñan un papel muy importante. Puede que los niños no entiendan el reloj, pero sí entienden el orden de las cosas. Las mañanas significan vestirse y desayunar. Las noches, bañarse y leer un cuento. Estos ritmos ayudan a estructurar el día y aportan una sensación de seguridad.

Algo que nos ayudó muchísimo fue avisar con antelación antes de los cambios de actividad. Decir: «Tienes cinco minutos más para jugar antes de que subamos» ayudaba a mi hijo a prepararse, aunque no entendiera del todo cuánto duran cinco minutos. Ese aviso previo hacía que la transición fuera más fácil.

Cuando las rutinas tienen que cambiar, lo explico con antelación: «Después del colegio iremos a la playa, así que el baño será más rápido esta noche».

También intento que las transiciones sean más colaborativas. En lugar de decir «Es hora de irnos», le pregunto a mi hijo: «¿Qué es lo último que quieres hacer antes de que nos vayamos?» Darles a los niños una sensación de control puede ayudar a reducir la resistencia y hacer que los cambios sean más fluidos.

La conciencia del tiempo forma parte de las funciones ejecutivas, ese conjunto de habilidades que nos ayudan a planificar, organizarnos, controlar los impulsos y cambiar de una tarea a otra. Estas habilidades se desarrollan de forma gradual a lo largo de la infancia y la adolescencia, y el proceso no siempre es lineal.

Los niños menores de cinco años suelen experimentar el tiempo simplemente como “ahora” o “no ahora”.

Entre los seis y los diez años, comienzan a entender las secuencias y las duraciones cortas.

Durante la preadolescencia y la adolescencia, la estimación del tiempo se vuelve más precisa, aunque sigue desarrollándose.

En los niños con TDAH u otros perfiles neurodivergentes, este desarrollo puede seguir un camino diferente. Investigadores como el Dr. Russell Barkley han escrito sobre cómo las diferencias en la memoria basada en el tiempo y en el control de los impulsos influyen en la manera en que los niños gestionan el tiempo.

Comprender esto me ha ayudado a reinterpretar los momentos de frustración. Cuando las rutinas no funcionaban o las transiciones resultaban difíciles, no era porque mi hijo no se esforzara, sino porque necesitaba más apoyo. Y lo mismo me ha pasado a mí. helped me reframe moments of frustration. When routines didn’t stick or transitions were hard, it wasn’t because my child wasn’t trying; it was because they needed more support. The same has been true for me.

Aquí van algunas herramientas y estrategias que han marcado una verdadera diferencia:

  • Temporizadores visuales. Nos encanta el Time Timer. Ver cómo desaparece el disco rojo le da a mi hijo una percepción visual de cuánto tiempo queda. Transforma algo abstracto en algo que se puede ver. Además, ofrece una sensación de progreso, algo que observar y anticipar en lugar de que le sorprenda de golpe.
  • Momentos de mindfulness. Respiramos juntos antes de las transiciones. Es algo sencillo, pero nos ayuda a reiniciarnos y avanzar con menos tensión.
  • Dividir las tareas en pasos. En lugar de decir «prepárate para dormir», guío a mi hijo paso a paso: cepillarse los dientes, ponerse el pijama, elegir un libro. Al empezar una nueva rutina, usábamos un planificador visual para organizarla y hacerla predecible.
  • Juegos basados en el tiempo. Jugamos a adivinanzas como «¿Cuánto tiempo tardarás en guardar tus juguetes?» y luego lo cronometramos. Es divertido y, con el tiempo, ayuda a desarrollar un sentido intuitivo de la duración.
  • Ritmos consistentes. Intentamos mantener las mañanas y las noches estables. La rutina no tiene que ser perfecta, pero la consistencia ayuda a dar estructura al día.

Algunos días van sobre ruedas. Otros, no tanto. Si nos salimos de la rutina—ya sea por viajes, vacaciones o simplemente una semana caótica—las transiciones pueden resultar más difíciles. Y no es solo mi hijo: yo también subestimo el tiempo a veces, intentando abarcar demasiado o olvidando dejar espacios entre las cosas. ¡Y está bien! Estamos aprendiendo juntos.

Ayudar a mi hijo a entender el tiempo no se trata solo de relojes o de horarios rígidos; se trata de presencia. Se trata de hacer que el tiempo se sienta real y menos abrumador. Se trata de ir más despacio cuando podemos y de ofrecer apoyo adicional cuando las cosas se sienten apresuradas o confusas.

Proporcionarle a mi hijo herramientas que funcionan para él, como temporizadores, rutinas y momentos para hacer una pausa, ha hecho que nuestros días sean más fáciles y más conectados. Y, más que nada, he aprendido a encontrarme con mi hijo donde está. Cuando hago eso, atravesamos el día con menos estrés y más calma.

Jodie Martin es escritora freelance, especializada en salud y bienestar, estilo de vida y maternidad/paternidad. También es E-RYT 500 Registered Yoga Teacher, especialista en Yoga Ayurveda y coach de bienestar de las Tres Tradiciones de Sabiduría.


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